jueves, 23 de mayo de 2013

Entrevista a Leticia Jorge y Ana Guevara



Recuerdos de un venado de plástico
Luego de un exitoso estreno en festivales como la Berlinale, el BAFICI y el Festival de cine de Guadalajara, hoy se estrena en salas montevideanas Tanta Agua, primer largometraje de Ana Guevara y Leticia Jorge, un film con fuerte peso generacional, sobre un padre y sus dos hijos que deciden pasar unas mini vacaciones en las termas del Arapey, para terminar encontrándose encerrados, sin mucho que hacer, en un entorno donde nunca termina de llover.

En sus anteriores cortos, Corredores de verano y El cuarto del fondo el tema de la adolescencia era recurrente ¿Hay algún motivo específico que las haga a ustedes volver a allá en Tanta Agua?

LJ: Mira, en realidad con El cuarto del fondo fue algo que con Anita estábamos escribiendo sobre unos personajes secundarios y otro guión que nunca terminamos y como que ahí el cuelgue que teníamos era, más que con la adolescencia, con la navidad y la casa de los abuelos. Algo que lo encarnamos en esa nena, en Sol, esa noche. Lo que más queríamos contar en ese corto era una sensación. De hecho, la locación principal es la casa de mi abuela y si yo lo pienso, la casa de mi abuela ya no es la casa de mi abuela. Me gusta haber filmado ahí, que eso haya quedado inmortalizado. El segundo corto en realidad es mucho más un cuento, no es tanto una sensación. Teníamos un guión que nos gustaba,  teníamos ganas de filmar tres personajes, porque también era un poco una prueba de lenguaje que teníamos para hacer y que no tuviera diálogos era un poco un desafío, contarlo con los planos y que ellos no hablen. Entonces, el segundo corto tuvo una génesis muy distinta. No había, a diferencia de El cuarto del fondo, un trasfondo en los personajes, algo que había ocurrido algo con ellos.
AG: Corredores de verano fue aparte un momento importante de nosotras, eso de decir “podemos trabajar juntas de vuelta”. El cuarto del fondo fue un cacho caótico, éramos re inexperientes, se nos fue un poco de las manos. Tratamos de ser cuidadosas, habíamos ensayado mucho, pero en el rodaje no supimos planificar muy bien. En corredores de verano fue distinto, nos sentimos muy profesionales en cómo lo producimos, cómo encaramos las horas de trabajo, en nosotras  enfrentándonos en nuestras horas de trabajo, en donde lo importante es lo que se está filmando y no vos. Fue el momento en que empezamos a ser conscientes de que estábamos trabajando juntas.

¿Y cómo fue ese proceso de empezar a pensarse como una dupla?

AG: Porque empezamos a escribir juntas. En el momento que estás escribiendo comienzan a aparecer imágenes y comenzás a especular en cómo vas a filmar, sobre cómo vas a plantearte todo ese trabajo y creo que la decisión de hacer esto fue después de haberlo empezado a hacer.
LJ: Nosotras trabajamos juntas pero no todos los procesos son iguales. Es muy infantil lo que voy a decir, pero yo ya sabía que iba a hacer una película. No sabía qué película iba a ser, ni cuándo la iba a poder filmar, pero sabía que eso era lo que quería hacer. Después del primer corto nos preguntábamos si íbamos a volver a hacer otra cosa juntas. Creo que lo más importante de Corredores es que nos divertimos mucho más haciéndolo. Aprendimos a poner la energía donde  tenía que estar y Tanta agua posiblemente sea el rodaje en el que más nos divertimos.
AG: Fue el rodaje más lindo que fui en toda mi vida, y eso que estaba salado, porque sos director y no importa después, la culpa es toda tuya. Las decisiones son tuyas, defendés una cosa y la llevás hasta el final. Y creo que en ese sentido ser dos sirve mucho más para repartirse la carga.
LJ: Es como que necesitás encontrar un método de trabajo. La manera en que preparás ciertas tomas tiene que ver con lo más relacionado a dirección, pero también con cómo administrás la energía a los demás, el clima que se respira, en fin, requiere mucho tiempo con mucha gente.  Dirigir juntos no es nado sincronizado. A veces no estamos de acuerdo y a veces nos damos espacio. Eso es re importante, no sentir que tenés que estar todo el tiempo de acuerdo y charlando. Porque los procesos son largos y son cansadores y son exigentes.

La película se la dedican a sus padres y en cierto punto hay una fuerte impronta de recuerdos de la adolescencia ¿A ustedes les tocó ir a las Termas del Arapey?

AG: Creo que debo haber ido a todas las termas, Anita no sé.
LJ: Fui de muy chiquita, fui solo una vez y me agarré conjuntivitis.
AG: Lo que pasa es que tengo familia en Salto, entonces a veces íbamos ahí, pero a mi padre no le gustan las termas. Eso de las termas era más por una cosa que a Leti le pasó con su papá y  era un buen contexto, un lugar bien lindo para filmar. Era “qué bueno filmar en la termas, ese lugar increíble, que está lleno de viejos y qué lugar de mierda para ir de vacaciones”. Todo eso se fue transformando y dejó de tener peso el lugar en sí. Podría ser un balneario, podría ser Parque del Plata. Por suerte fue como para ese lado y no es un montón de imágenes de las termas. Es una película sobre gente.

En las producciones más conocidas del cine uruguayo hay como una fascinación por las locaciones ancladas en el tiempo, con el Argentino Hotel en Whisky, o Jaureguiberry en Flacas Vacas.

AG: Lo que comparten esas películas es que son personajes de clase media, es como que en  Uruguay los lugares para ir de la clase media son todo así. No es muy pro Uruguay en eso.
LJ: Igual, me pasa que el otro día unos amigos me decían “yo veo la película, veo las termas, veo el agua y se ve tan linda que me dan ganas de ir”. Depende cómo lo vivas, a mí me encanta ir. A mis viejos les encanta. Nosotros teníamos un cuelgue un poco plástico que tenía que ver con el anclaje en el tiempo, pero también con el tema de la piscina, la lluvia, el humito. Y después nos pasó que  teníamos que encontrar un lugar que funcionara y que no se comiera la historia. En todos los años que estuvimos escribiendo el guión y sacando fotos fue la novelería absoluta, vos ibas y había carritos de jugo de naranja que tenían forma de naranja. Uno ve eso y le vienen ganas de que esté todo en la película.

Lo que se ve es que ustedes tienen un particular gusto con el plano detalle y aislar una imagen que resume muchas cosas

AG: Ahí hay una intención de contar a los personajes a través de las cosas. Los personajes en Tanta agua no hablan sobre sí mismos demasiado. No es obvio quiénes son. Hay una intención de hablar sobre ellos mostrando cosas que hacen y sí, después hay un cuelgue con el plano detalle. Y eso que sacamos la mitad de todos los que filmamos...

Cada personaje tiene un objeto medio distintivo, como el detalle del lápiz con bracitos.

LJ: Esas cosas se fueron dando. En una fuimos a Salto con un regalo que era unas lapiceras, y esa era la de Joaquín. Ta, empezamos a ensayar con la lapicera y se terminó incorporando al rodaje. No era que en el guión él tenía una lapicera, que estuviera todo eso escrito. Fueron como cosas que fueron entrando, como las caravanitas de Malú, que las trajo ella.

¿El venado fue también casualidad?

AG: El venado está desde el principio de todo
LJ: Yo lo voy a decir: mi tía tenía en la casa una pared que eran relojes como distintos souvenires del mundo y en el medio un venado de plástico que decía Bariloche. Yo fui una navidad a su casa e hice un videíto hace muchos años y después siempre me acordé del venado. De hecho, cuando empezamos a hacer la película yo la llamé para ver si lo tenía y me dijo que se le había roto, que no encontraba un cuerno.
AG: De hecho, terminamos comprándo por Amazon al venado. A nuestra directora de arte no le gustaba nada, decía que sobreactuaba. No va tanto con el naturalismo que quizás uno pensaba hacer la película, pero era un chiste que valía la pena.

Es curioso, porque todo el mundo habla de naturalismo en el cine uruguayo, pero yo no noto mucho eso

AG: Es naturalista en las actuaciones, pero no es naturalista el cuento, no es realismo crudo. Yo estuve pensando sobre eso en este tema de dar entrevistas, creo que es que el registro tenía que ser natural, ser muy verosímil, y dar con actores que fueran así era muy importante para que vos entres en la película y vivas con ellos, pero no porque la película sea en sí realista.

La película mantiene un diálogo bastante curioso con Tres, tiene esos detallecitos bastante particulares, pero también es una historia bastante similar, en lo que respecta a la relación del padre con su hija. ¿Hubo un diálogo con esa película?

LJ: En realidad el guión se había escrito hace muchos años, en el 2006. En todo caso, ahí entra el tema de cómo uno como espectador asocia.

Yo pensaba por el lado de Control Z, que terminó por convertirse en algo más que una productora. Algo más como una insignia.

AG: Una editorial, decimos a veces. Yo en realidad no me doy mucho cuenta. Es un papá y una hija, están ausentes, pero creo que pasan por otro lado.
LJ: Lo que pasó con Tanta agua en ese sentido es que Anita, Agustina [Chiarino, productora ejecutiva] y yo armamos ese proyecto con la plataforma de Control Z, pero con otro equipo. La directora de fotografía es María Secco, trabajamos con otro editor, el hecho de que Fernando no es el productor… eso le dio otra impronta y en realidad a la hora de filmar la película no manejamos ningún referente concreto. No fue un diálogo de manera consciente con casi ninguna otra película. De hecho, nosotros teníamos muchos apriorismos de “esto lo vamos a hacer así, esto lo vamos a hacer asá” y después al estar en la locación es “esto se va a filmar así porque ya va para allá”.
AG: Pero igual, las películas de Control Z a nosotras nos gustan. Control Z fue un momento muy importante para gente que estaba tratando de hacer una película, con unos pibes que lo hicieron y les fue bien.

El agua no sólo parece algo funcional a la trama, hay algo metafórico que se puede ver, no sólo en la lluvia, sino en las piscinas vacías que comienzan a ser llenadas, o en el balde para limpiar los zapatos.

AG: Es una metáfora para quien la quiera ver, para nosotros es un recurso
LJ: Es lo que tiene de hablar con personas que vieron la película, ves cosas que no hiciste muy conscientemente. En la película la lluvia es un recurso estético, es un recurso de guión. Nosotras queríamos que esas vacaciones se arruinaran, que estuvieran en un lugar donde no hay mucha cosa que hacer y donde tuvieran que pasar mucho tiempo juntos. Después, tenés tres personajes donde todo lo que hay para hacer tiene agua, rodeados de lluvia, yendo a un río. O sea, en la película cobra un protagonismo, pero que tiene que ver con la adolescencia, con eso de estar inundados y estar saturados, como en el afiche. El agua que te sobrepasa y no sabés cómo enfrentarlo. Entonces sí, el agua a nivel metafórico se puede ver, pero ahí ya estamos a un nivel de análisis de texto.

Hay algo generacional que tiene la película, es algo extraño, porque si bien es una película actual, funciona de una manera diferente con determinada generación

LJ: Bueno, en realidad no era inscribirla en un período de tiempo. De hecho, luchamos un poco para salir de esas cosas para que no distrajera de la trama mucho. Pero tampoco le dimos mucha bola, no hicimos una exploración de qué hace un adolescente de ahora.
AG: Es medio revisionista, puede ser, va más por ese lado que por una intención estética. Es una observación más autorreferencial aunque no sea autobiográfica, que tiene que ver con nuestro pasaje por la adolescencia en los noventa. Hay gente que se cuelga mucho con sus detalles de la juventud.
LJ: Espero que a toda la gente le guste, pero más allá de que sea una película con adolescentes, no creo que sea tanto una película para adolescentes. Es más una película para gente que recuerda su adolescencia.
AG: Bueno, justo antes veníamos hablando de los chicles Bazooka y ahora estamos sentados en el bar que yo venía con mi padre del club todos los sábados a los catorce años. Todos los sábados, a las ocho de la mañana. El premio era capuchino con medialunas
LJ: Qué rico. Qué lindo tu papá, ¿ves?
AG: ¿Ves? Por eso le dedicamos la película. A él y al tuyo.

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