viernes, 27 de julio de 2012

Las flores del mal (David Dusa, 2010)



La torre de Babel

En las flores del mal tenemos sólo a dos personajes, Gecko (Rachid Youcef) y Anahita (Alice Belaïdi), mientras que el resto del mundo parece un resto de virtualidad que sólo parece tomar cuerpo en la pantalla de una computadora o un Smartphone. Uno podría pensar que tal retiro del mundo podría interpretarse por la locura amorosa que lleva a dos personas prácticamente desconocidas a refugiarse entre sí, pero la ópera prima de David Dusa pretende ser mucho más que una versión 2.0 de Antes del amanecer (Richard Linklater, 1995).
Tanto Gecko como Anahita le dan consistencia a su existencia por medio de las redes sociales, sólo que en términos prácticamente opuestos. Gecko utiliza facebook para colgar videos en los que se lo ve ensayando coreografías de breakdancing, o haciendo parkour (esa curiosa actividad de reconfigurar el entramado urbano como un mapa lleno de saltos y piruetas). Podría decirse que, lejos de su vida de botones en un hotel –donde conoce a Anahita- las redes sociales es el único espacio donde encuentra su libertad, donde puede autoconstruirse como aquella persona que quiere ser. Anahita, por el contrario, llega a París luego de los levantamientos iraníes del año 2009 y las redes sociales son un grillete que la mantiene apresada, incapaz de poder reinventarse a sí misma, o “empezar de cero”, como señala en un momento del film. Esto guarda especial relación con el marco vital de cada uno: Gecko es un ser físico, nómade, sin familia, pasado, o cualquier cosa que lo ancle a algún contexto social o simbólico, mientras que Anahita es una continuación de su computadora, atrapada por el vórtice de lo que ocurre en su país, casi como si sólo su cuerpo se hubiese ido de allí.
El romance que se va gestando entre los dos está asediado por la pantalla traumática de los videos de protestas en youtube, filmados por temblorosas cámaras de celular (muchas veces montados disruptivamente en paralelo con lo que sucede en el film). En cada momento, Anahita teme encontrar a uno de sus amigos apresado, o lo que es peor, apaleado o directamente muerto. La propuesta estilística de Dusa es intercalar o solapar el registro virtual con el real, mostrando cómo en tiempos de las redes sociales, todo se vuelve más indefinible o inseparable, en una fragmentación de múltiples realidades y geografías. A este efecto, debemos sumarle el recurso del director a proyectar en la misma pantalla las conversaciones que se llevan a cabo en twitter o el chat de facebook, volviendo todo un palimpsesto de virtualidad sobre virtualidad.
Lamentablemente David Dusa en determinado momento del film cae en repeticiones y pronto el recurso de los cruentos escenarios de batalla se vuelven predecibles y ciertamente molestos. El posible problema de Las flores del mal es que no está a la altura de sus ambiciones, no sólo técnicas, sino también temáticas. Por momentos parecería que el director tirara referencias y metáforas sin medir mucho de qué manera pueden aportar o restar a la trama. A Anahita le pone el pseudónimo de Mrs. Dalloway (el personaje creado por Virginia Woolf en la famosa novela que lleva el mismo nombre), hace que Gecko se ponga a recitar la obra de Baudelaire que le da nombre al film y se hace referencia al cuadro “La torre de Babel”, del pintor flamenco Pieter Brueghel. Esta última obra, referencia a aquella maldición bíblica por la cual Dios hizo que las personas hablaran distintos idiomas para que no se entendieran entre sí y no lograran construir una torre hacia el reino de los cielos –proponiendose quizás, la existencia de las redes sociales como una suspensión posmoderna de este sortilegio- es la única referencia cultural que realmente tiene algo que decir sobre lo que pasa entre los dos personajes, internet, o incluso entre Anahita y el país del que acaba de escapar. El resto, por momentos, parece relleno, o efectismos vagamente legitimadores.
El único momento realmente significativo y, por así decirlo, poético, es cuando Gecko, luego de tener sexo con Anahita, le esparce sangre alrededor de su rostro, casi reproduciendo la muerte de Nenet, uno de los videos más famosos de la represión policial sobre los ciudadanos iraníes. Cuando Anahita se descubre ensangrentada en el botiquín del baño, ahí se produce un quiebre, un anudamiento en el que ella logra morir, al menos simbólicamente, para poder empezar a vivir.

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